WATSON, CRICK, COLLINS, FRANKLIN Y LA ESTRUCTURA DEL ADN
El aniversario de la publicación en Nature, el 25 de abril
de 1953, del artículo en el que se desvelaba la estructura de la molécula de
ADN, merece que ampliemos en algo los comentarios hechos en el programa de
radio. Empezando por el principio: ahí va un enlace al artículo
original: http://www.nature.com/nature/dna50/watsoncrick.pdf
En esta otra dirección se puede ver un muy interesante vídeo del Canal de Historia, en el que se presenta desde el anuncio verbal del
descubrimiento (“hemos desvelado el secreto de la vida”, que dijo Watson
entrando en el pub “Eagle” de Cambridge) hasta los pormenores del trabajo de
laboratorio:
Como ya comentamos en la edición de radio, el desvelamiento
de la estructura del ADN es también un ejemplo de cómo en ciencia se dan
comportamiento y actitudes no muy ejemplares moralmente: este enlace que nos
lleva a los “trapos sucios de la ciencia”:
Y aquí un reciente artículo del científico y periodista
Javier Sampedro, aprovechando el aniversario de la publicación que comentamos: “La
vida cumple 60 años”:
Unos cuantos videos sobre Watson, Crick, Franklins… y el ADN
y la famosa “foto51” de Rosalind Franklin, con enlace a una
página en la que se explica (anatomy of Photo 51) cómo de esa foto un
especialista puede deducir la estructura buscada:
QUÍMICA Y PSICODELIA
El 16 de abril de 1943, de manera accidental y a través de
la piel de una de sus manos, Albert HOFFMANN, experimentó los efectos de una
sustancia química que él mismo había sintetizado pero que había sido dejada de
lado por no tener los efectos esperados en el tratamiento de enfermedades
respiratorias. Era la dietilamida del ácido lisérgico, más conocida a partir de
esta experiencia casual de su descubridor como LSD. HOFFMANN sufrió
alucinaciones que le debieron resultar interesantes y que intentó repetir de
manera controlada tres días después cuando conscientemente ya se tomó una dosis
de 250mg.
La sustancia acabó convirtiéndose en una de las drogas
bandera de la civilización hippy y fue experimentada por prácticamente todos
los famosos de la música de la época. Por ejemplo, en el álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearst Club Band, de los Beatles, se incluye una canción
(“Lucy in the Sky with Diamons”) que
siempre se ha considerado como un homenaje apologético a esa droga que, parece,
hacía vivir colores, olores y sonidos con una intensidad y efectos desconocidos
y extraordinarios. Otra realidad.
HOFFMANN murió el 29 de abril, pero 65 años después, cuando
tenía 102 años de edad. No parece, pues, que le sentara mal la experiencia.
Aquí se puede ver a Hoffman hablando de su experimentación
con la “otra realidad” a la que te transporta el LSD: http://www.youtube.com/watch?v=js3ROWh8rC0
En este otro se puede leer la carta que parece que Hoffman
escribió a Steve JOBS, pidiéndole ayuda para que el LSD pudiera ser investigado
como posible terapéutica médica en enfermedades mentales terminales. Lo Hizo
porque leyó que Jobs había declarado que tomar ácido había sido una de las
cosas más importantes que había hecho en la vida:
VIAJES A LA LUNA Y BACTERIAS
El 20 de abril de 1967 alunizó la nave Surveyor 3, que había
sido lanzada 3 días antes. Recogió muestras de su suelo con una pala mecánica probando
que el suelo lunar era consistente y permitiría alunizar a un módulo tripulado
por el hombre.
Esta noticia no sería gran cosa si no fuera porque algo más
de dos años después, en noviembre del 1969, la nave Apolo 12, la segunda nave
que depositaría humanos sobre la superficie lunar, lanzada solo unos meses después
que la 11, alunizó muy cerca de donde lo había hecho la Surveyor.
Recogieron la cámara que había quedado con el Surveyor y al
llegar a la tierra descubrieron en los laboratorios que la cámara contenía
ejemplares de la bacteria “Streptoccoccus Mitis”, una bacteria que habita en nuestra boca y que
accidentalmente depositada en la cámara durante su montaje en la sonda Surveyor, había resistido más de dos años en las condiciones asombrosamente
duras e inclementes de la superficie lunar.
Este tipo de sucesos ha dado pie, poco a poco, a pensar que
la vida puede manifestarse en formas que tengan una capacidad de resistir mucho
mayor de la que le hemos supuesto en este cómo rincón del universo que es la
tierra, y ha llevado a la investigación de “organismos extremófilos” en nuestro
planeta que puedan ilustrarnos en la búsqueda de algo vivo en el mundo galáctico.
LA QUÍMICA, LA GUERRA Y EL PATRIOTISMO
El día 22 de abril de 1915 se puede tomar como la fecha en
que se inaugura la GUERRA QUÍMICA. Desde las líneas alemanas del frente de guerra
en la localidad de YPRES (Bélgica), aprovechando el viento favorable, se proyectó,
desde contenedores cilíndricos de acero, una nube de gas cloro de nos 6 km de
longitud y entre 600 y 900 metros de anchura, que inutilizó a las tropas francesas
en ese frente, propiciando la ofensiva alemana.
El uso de esta estrategia de armas químicas conmocionó a la
opinión mundial, aunque no parece que valiera para gran cosa, visto que las que
existen en la actualidad dejan en ridículo al gas cloro.
El autor del método de obtención y almacenaje del gas
venenoso fue un químico alemán, Fritz HABER, quien obtendría el premio nobel de
química en 1918. Pero que nadie se escandalice: el premio se lo concedieron por
su contribución a la mejora de las condiciones de vida de la humanidad al ser
la persona que sintetizó en su laboratorio, por vez primera, el AMONIACO. Eso suponía
disponer de nitrógeno a voluntad y, en consecuencia, poder fabricar
fertilizantes artificiales en los laboratorios e industrias de química agrícola,
sin depender de los nitratos naturales, como el conocido “nitrato de chile”. Como
“un medio extraordinariamente importante para el desarrollo de la agricultura y
el bienestar de la humanidad”, calificó el jurado del Nobel la síntesis del amoniaco
de Haber.
Pero en 1920, los aliados le incluyeron en su lista de
criminales de guerra. Es la doble cara de la ciencia y de la vida: el mismo
tipo que resuelve el problema de disponer de fertilizantes sin fin, es el que
tiene a sus espaldas la ignominia de la traiciones guerra química (pero ¿hay
guerras que no sean traicioneras?)Parece que Haber declaró en una ocasión: “en tiempo de paz, un científico pertenece al
mundo, pero en tiempo de guerra pertenece a su país”.
¿No sería mejor pertenecer
siempre a la humanidad?
Este es
el cuadro de J.S. Sargent, titulado “Gassed”, pintado en 1918 y en el que se
muestran los efectos del gas cloro en la ceguera de los soldados.


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